El Músico y el Avestruz.
Sergio Vélez nació en Colombia un país muy lejos del continente de África, un lugar lleno de praderas y desiertos, en el que también viven los avestruces. Con el tiempo se convirtió en un suajili de la vida y por eso descubrió que era un Mtu Mlinzi, hombre protector. Era un pianista que llevaba una orquesta en el corazón. El espíritu de Sergio conocía el sonido de la kitara desde muy joven y por eso la música rock se le quedó en el alma. Fue un muchacho lleno de sueños que se atrevió a vivir la vida plenamente y abandonó varias veces los barcos que lo obligaban a navegar la existencia sobre las aguas de la rutina. Le gustaba moverse rápido, a paso veloz como el del avestruz, para huir de la monotonía y perseguir la creatividad y la libertad. Fue también el capitán responsable de otras empresas que requerían de sujetos sensibles al arte y con mente brillante. Mtu poseía el espíritu del artista, le atraían el ritmo de los tambores africanos, el sonar de las guitarras eléctricas y el caminar ondeante de las mujeres.
En su juventud se hizo a la mar y conformó una banda de música que rompía el sonido de la inmensidad y la rigidez de la escuela naval de Cartagena. Un día caminando por la zona T de Bogotá apareció el gran amor dentro de una cava de vinos. Ella era una mujer linda e inteligente que venía del país del norte. Mtu supo al instante que era su musa e hizo lo imposible para conquistarla con su cortejo. Lo logró con una canción en inglés al piano y sus dotes de actor de telenovelas. El resto es historia. La pareja tiene hijos con alas que vuelan y que realizarán sus sueños como lo ha hecho hasta ahora su padre, el patriarca enamorado, de mente abierta, curioso e inquieto y ahora guardián de avestruces.
Mbuni, el avestruz, salió de un huevo gigante depositado en el desierto del Sáhara en el nido poco acolchonado construido por el macho alfa de la manada africana. La cáscara del huevo del que provino sirvió de recipiente de agua para un sediento viajero del desierto. De pequeño parecía una linda bola esponjosa que con el pasar de los años se convertiría en un ave a gigante con dos garras y un fuerte temperamento. Mbuni también estaba destinado a ser un protector como Sergio. A los siete años tenía unas piernas largas y delgadas que le permitían correr por las llanuras africanas a una velocidad de sesenta kilómetros por hora, tenía dos alas que no volaban y plumas en el cuerpo suaves y negras pero blancas en la cola y las alas. Podía dar zancadas de cinco metros y como los otros machos de la manada ayudaba a salvaguardar los huevos del ataque de los depredadores. Era un avestruz valiente y nunca escondía la cabeza en la arena, un mito inventado por los humanos. Sólo si estaba en peligro se acostaba en el suelo aplanando la cabeza contra el piso para parecer una masa negra desde lejos y confundir a los cazadores.
Un millonario inglés de visita en África lo compró por mucho dinero para dárselo como mascota a su hijo caprichoso, pero un avestruz como Mbuni no podía estar encerrada en una mansión. Necesitaba de espacios abiertos y salvajes para correr y relajarse. Así que el millonario lo regaló y el ave gigante vino a parar a un refugio natural en Colombia sin saberse cómo.
El destino juntó a Mtu Mlinzi, el hombre protector, con Mbuni, el macho alfa, en Villa de Leyva. Las vueltas que da la vida consintieron que dos especies exóticas se toparan en un proyecto de fantasía lejos de las praderas del continente africano donde no hace frío. Ahora ambos están muy cerca del corazón de los colombianos y extranjeros que aman visitar el pueblo más mágico de Boyacá para entrar en un lugar llamado “La Granja de Avestruces” que rinde homenaje al exotismo de la fauna. Dicen los valles y las montañas boyacenses que algunos días son testigos de gente aprendiendo el baile del avestruz mientras en el viento se escucha una música de cadencia tal que transporta a los danzarines a las infinitas y misteriosas planicies africanas del Serengueti mientras se encuentran bajo el cielo azul, los rayos del sol y la mirada de los ojos inmensos de los avestruces de Villa de Leyva.

Me gustó mucho este artículo. Cómo te documentaste?
Pues siempre me han gustado los avestruces y sabía muchas cosas pero igualmente me hice un repaso de los hechos para verificar que no estuvieran errados. Enlazar la vida de Sergio con la del avestruz fue un poquito más dispendioso. Genial que te haya gustado.
Que escrito tan maravilloso el avevestruz! Animal exotico! Digno de conocer de cerca !!!
Si es un animal misterioso y poderoso!
Me encantó la reseña y el estilo descriptivo que utilizas. Que interesantes detalles para compartir. La forma como lo narras hace sentir los agigantados pasos de la avestruz. Me gustó.
Hola. Tu opinión siempre es valiosa. Voy a hacer otros artículos de actualidad en que otros son los protagonistas pero la pluma soy yo!
Me transporte totalmente!!!! Gracias.