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Año Nuevo con un paquistaní.

Los dos hermanos eran musulmanes, pero tenían nombres ingleses que no cuadraban con su apellido. David trabajaba para una agencia internacional de inteligencia desde 1990 y vivía Nueva York. Sean, quien había llegado cinco años más tarde a vivir con David, era el gerente de una franquicia de comida rápida en Queens. El padre de la familia había muerto de un repentino ataque cardíaco mientras paseaba por las calles de Karachi. Antes de que Sean partiera para la Gran Manzana, su madre le dijo: “Eres el hermano mayor y deberás dar ejemplo a tus hermanos menores. Prométeme que solo te casarás con una chica musulmana.” Sean se puso una mano en el corazón y replicó: “Lo juro.”

Hacía calor. Margarita y sus amigas habían estado todo el día en la playa de Johns Beach. Estaban cansadas y hambrientas y decidieron comer en el Burger King. Mientras ella hacía la fila para hacer su pedido, un hombre alto pasó por su lado y le sonrió. Margarita endosaba un vestido de verano poco favorecedor y nunca pensó que la sonrisa fuera para ella. Cuando le llegó el turno de ordenar su comida, dudó entre comerse una hamburguesa whopper con anillos de cebolla o con papas fritas, pero al final se decidió por la última opción. Dos minutos más tarde el alto gerente del lugar se acercó hasta su mesa, se paró en frente de ella y le entregó una porción de anillos de cebolla. “Me llamo Sean y espero que vuelvas” y procedió a repartirle cupones de “Compre uno, lleve dos” a todas sus amigas.

El paquistaní y la colombiana se volvieron los mejores amigos. El romance no era posible porque Sean era profundamente religioso y había prometido respetar los deseos de su madre. Margarita se sentía aliviada porque no estaba interesada en enamorarse de alguien que nunca se casaría con ella. Su relación para nada física era bien sólida. Se conectaron con el alma. Ambos eran personas alegres que disfrutaban de las cosas simples de la vida y de ayudar a la gente. Sean solía recoger a Margarita con su limosina nueva, la primera de su negocio de transporte que lo haría rico, para llevarla a Long Island a beber café o a cenar en un restaurante indio. Les gustaba ver películas de Bollywood y rezar por el mundo. David, el hermano de Sean, nunca le dirigió la palabra a Margarita. Quería pasar desapercibido entre la gente, pero era imposible por ser un espía guapísimo, un agente secreto muy sexy.

Los amigos decidieron que irían la noche de Año Nuevo a Times Square para ver la caída de la bola tal como Margarita lo había deseado noche de San Silvestre del año anterior cuando resolvió venirse a Nueva York. Sean tuvo que trabajar hasta tarde y no pudieron irse para Manhattan temprano. Nevó esa noche. El escenario era maravilloso pues el vecindario parecía un paraíso cubierto de nieve fresca. Todo se veía tan blanco y la luna reflejaba su luz sobre la blancura de la nieve. El fenómeno natural le quitó el aliento a Margarita que se sintió embrujada viendo, por primera vez, los copos de nieve cubrir su mundo. Extrañamente no hacía frio. La pareja caminó hasta la estación del metro sobre un mágico tapete blanco y suave.

La policía acordonó el perímetro de Times Square, cerró muchas de las calles que daban acceso a Broadway y esculcó a todos los asistentes al espectáculo. Miles de personas habían estado esperando diez horas para recibir el año 2001 en el lugar más famoso de Nueva York. Cuando Margarita y Sean llegaron, el espectáculo era incomparable y las emociones estaban al máximo gracias a las luces, la música y el febril entusiasmo. Estaban tratando de acercarse más a la bola cuando David llamó por teléfono y les advirtió de una posible actividad terrorista.

Sean trató de arrastrar a Margarita fuera de Times Square, pero se encontraron atrapados entre la multitud mientras la bola caía en conteo regresivo. Se oyeron los gritos de “Feliz Año” y la televisión alrededor del mundo mostró a la gente abrazándose y besándose. De repente, Sean abrazó a su amiga estrechamente, la miró con amor y esperando lo peor le dijo:” Lo siento.” Afortunadamente, no pasó nada horrible. El dos de enero del 2001, Sean desapareció de la vida de Margarita. Nadie en Times Square se enteró de una posible explosión. Era información clasificada.