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Agua y vida en Queens.

¿Alguna vez analizaste detenidamente una gota de agua o una lágrima? Un mundo de fantasía y presagios se esconde dentro de cada una. La fusión de dos moléculas de hidrógeno con una de oxígeno nos regala un líquido de vida que contiene una afluencia de fenómenos naturales y emocionales. La lluvia, el rocío y el granizo son chispas milagrosas procedentes de una misma fuente e incontables miles de millones de gotas de agua corren por el universo en los torrentes de los ríos, de los arroyos y del mar acarreando vida y paz o furia y destrucción. Los humanos, los animales, las plantas y la tierra lloran porque necesitan liberarse y derraman lágrimas de alegría, de dolor, de amor y de muerte. El agua se entrelaza con la vida de una forma misteriosa, poderosa y espiritual. El agua habla y es una medicina.

Al quinto día en Nueva York nos despertamos en nuestro sótano de Queens el cual nos tenía una sorpresa preparada. A pesar de que dormimos casi toda la noche en un colchón desinflado sobre el piso, nos levantamos muy frescas y descansadas. Como teníamos mucha hambre resolvimos no desempacar nuestro equipaje y pusimos las maletas, la cama inflable de plástico, la cobija y las almohadas en las estanterías del closet. Queríamos prepararnos algo sabroso y abundante para comer; abriendo las puertas de los gabinetes encontramos un sartén mediano, una olla pequeña, cuatro tazas, dos platos y algunos cubiertos y con mucho entusiasmo procedimos a destapar la caja con comestibles que Billy nos había regalado para preparar nuestro primer desayuno gratis en Queens.

Esa primera mañana en nuestro sótano, el espacio olía a café con leche y a huevos revueltos todo despidiendo un aroma de hogar que nos produjo la sensación de estar en nuestra propia casa, una casa que nos hospedó hasta que yo me mudé fuera de la ciudad y Liliana se devolvió a Colombia. El tiempo transcurrido en ese apartamento en Queens no lo olvidaré jamás. Mi compañera de sótano fue siempre la perfecta coinquilina y nunca tuvimos las controversias o peleas que la mayoría de las veces surgen entre las mejores amigas cuando se van a vivir a un mismo lugar. Agarrarse de las mechas es a veces natural en estas circunstancias porque la convivencia diaria siempre es complicada y pone al descubierto las fallas personales arruinando la avenencia entre grandes amigos o parejas. La amistad entre mi amiga y yo se mantuvo fuerte y estable y no se vio afectada al vivir bajo el mismo techo. Liliana era un alma sabia y yo tenia una personalidad armónica atributos que fueron el fundamento de una buena sintonía personal y emocional que se mantuvo hasta el final.

Mientras desayunábamos escuchamos una especie de rugido suave entre las paredes del baño, pero como estábamos tan entretenidas con nuestra propia conversación sobre los episodios de nuestra cortísima estadía en la casa de la señora García y la visita al barrio latino de Jackson Heights no le prestamos mucha atención. El tiempo se pasó volando entre risas y café y de repente nos dimos cuenta de que se había hecho tarde y que pronto Billy llegaría para llevarnos a hacer compras como lo habíamos acordado la noche anterior. Generalmente, yo soy una persona que se arregla y se viste rápido por lo que soy siempre la última en tomar una ducha cuando hay más mujeres en turno. Tan pronto como Liliana salió de bañarse un fresco y delicioso olor a jabón y champú flotaba en el aire lo que me hizo olvidar de un chillido extraño que sentí en dos ocasiones mientras mi amiga se duchaba. Cuando abrí la llave de la regadera hubo como una implosión suave de aire antes de que el agua tibia comenzara a caer sobre mi cuerpo. El agua era abundante, con fuerza y una sensación de bienestar me invadió totalmente. Me sentía muy contenta de estar en Nueva York y muy satisfecha de dejar correr el líquido neoyorquino sobre mi piel. El espacio físico del baño era pequeño y muy armonioso y a pesar de no contar con ningún lujo se veía bonito. Me vestí y me sequé el pelo en un abrir y cerrar de ojos.

Al salir Liliana se estaba tomando un tinto y aspirando un cigarrillo, sentada en un muro en el patio decorado con materas de flores de colores y como era una mañana de verano fresca y soleada me pareció una gran idea hacerle compañía y sentarme afuera a tomar un poco de sol. Liliana solo fumaba una vez en la mañana y otra en la noche y lo hacía con tal estilo y placer que al observarla daban ganas de fumar.

Estábamos sumergidas en nuestros pensamientos cuando de repente oímos un ruido fuertísimo, una violencia acústica desconocida proveniente del interior. Entramos corriendo y escuchamos intermitentes ronroneos dentro del baño cuyo volumen y velocidad aumentaron gradualmente hasta que se produjo un estallido. Liliana y yo nos miramos aterrorizadas y al abrir la puerta vimos como un chorro de agua supersónico estaba saliendo del inodoro. Permanecimos paradas sin saber qué hacer. La velocidad del agua al salir y el ruido que hacía al recorrer la tubería nos dejó paralizadas por unos momentos y para empeorar las cosas no encontramos la llave para cerrar la entrada del agua. Nuestro impulso fue correr a informarle a la dueña y subimos aceleradamente las escaleras que iban del sótano a la casa principal para pedir ayuda a Ana María, pero fue infructuoso porque ella trabajaba en New York University y solía irse muy temprano. Lo único que escuchábamos eran los ladridos agudos de su perrita, Muñeca, que seguramente olía nuestra presencia y nerviosismo a través de la puerta con llave y presentía que algo malo estaba sucediendo. En nuestra desesperada carrera de descenso vimos unas toallas colgadas en las cuerdas de la ropa, las cogimos y cuando llegamos al baño instintivamente cerramos la puerta y tapamos la rendija en el piso con las toallas para detener el agua que, después de unos minutos, comenzó a filtrarse por debajo de la puerta y a inundar todo el apartamento.

En medio del desastre y sin teléfono para pedir ayuda Billy apareció, se quedó sorprendido al vernos con la ropa mojada, nos preguntó sonriendo si estaba lloviendo dentro del apartamento y aunque la situación era caótica y de película no pude aguantar las ganas de liberar el estrés y de echarme a reír del apunte chistoso que nuestro ángel de la guarda había acabado de hacer. Liliana en cambio fue más racional y le dijo a Billy que tenía que encontrar el registro para cortar el suministro del agua. Lo primero que él hizo fue dirigirse al baño y Liliana y yo lo asustamos gritándole que no estaba ahí por lo que Billy se dirigió a la zona de la lavandería, algo que a mi amiga y a mi no se nos había ocurrido debido al pánico, encontró la llave y paró la oleada del líquido de la vida. Después de calmarnos, fuimos a hacer compras, pero no las compras de los víveres, las camas y un sofá que deseábamos. En su lugar tuvimos que adquirir un balde, dos traperos y una escoba. De vuelta descubrimos que en el barrio había un Burger King, el famoso restaurante de comida rápida, nos detuvimos, entramos, ordenamos el combo extragrande que venía con hamburguesa doble, papas fritas y Coca-Cola y devoramos la comida en silencio calmando nuestra angustia.

Al regresar nos dedicamos casi dos horas a sacar el agua y a secar el apartamento con los implementos adquiridos y Billy no pudo ayudarnos porque tenía un compromiso. Cuando Ana María volvió del trabajo y se enteró de lo sucedido llamó inmediatamente a Jorge su plomero de confianza que llegó hacia las ocho de la noche, revisó el baño y diagnosticó que había que cambiar un tubo y el inodoro porque estaban rotos. El plomero y Ana María se fueron para Home Depot, un almacén donde se encuentra todo lo que se necesite para remodelar, reparar, construir o tumbar una casa y mientras los esperábamos yo pensaba cómo íbamos a dormir esa noche. Con la inundación no habíamos ido a comprar los colchones y las camas que necesitábamos por lo que no sentamos a tratar de inflar el colchón roto que Ana María nos había regalado y le pusimos alrededor de la válvula el esparadrapo que encontramos en el botiquín de primeros auxilios para cubrir todos los agujeros por donde se escapaba el aire y evitar que se volviera a desinflar. Pareció funcionar.

Ana María y el plomero llegaron hacia las diez y media de la noche y descargaron sus adquisiciones. Jorge reparó la tubería más rápido de lo que pensábamos y cuando se dispuso a poner el inodoro en su sitio exclamó airado una obscenidad. Había comprado el retrete con las medidas equivocadas y no encajaba en el hueco por lo que no pudo finalizar la reparación. Tuvo que esperar hasta el día siguiente para ir a comprar el inodoro. Despues de que se terminaron los arreglos, tuvimos que dejar secar el cemento por lo que usamos el baño de Ana María por dos días con la desaprobación de su perrita que nos ladraba cada vez que nos veía subir.

Dicen que el agua es sensible y responde a nuestro ánimo y pensamientos y se comunica con las personas para advertirles de su estado interior, darles un mensaje, alertarlas de algo o limpiarles el espíritu. Pienso que el agua decidió hablarnos ese día para dar vida a un vínculo amistoso entre Ana María y nosotras porque todas  necesitábamos de una amiga más. La inundación sucedió para hacernos una advertencia. Quizás necesitábamos una limpieza interior. Posiblemente era hora de reparar las goteras emocionales en nuestra vida. Tal vez debíamos escuchar atentamente al agua en Queens.