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Autobiografía con fantasía.

Mi Big Bang personal explotó en un lugar elegido a dedo por los dioses: Colombia. Un espacio donde corrían la magia y los sueños persiguiendo al amor, deteniéndose en las fiestas y bailando con la música de las orquestas. Nací entre la noche y el día. Por eso no sé si vengo del sol o la luna. De todos modos, soy luz.
Hija de una leona protectora y de un pez que le gustaba nadar. Criatura de dos enemigos que se miraron a los ojos. La cazadora y la presa. Los dueños del infinito intervinieron en el destino. De un soplo al polvo de estrellas, lo inesperado sucedió. Con un zarpazo en el agua, la leona atrapó al pez y en vez de comérselo se enamoró de él.
Mi madre nació en el mes de julio y ha debido llamarse Julieta. Los hombres morían de amor por ella. Los embrujaba. Pero le pusieron Mariela que sonaba como el mar y ella. Mi padre, Fernando Jesús, era un rey del mes de marzo, lejos del reino de Aragón, que leía la biblia y le encantaba silbar.
Y yo soy Margarita, con el rugido suave del mar en mi nombre. Descendiente de fieras y monarcas. Puedo nadar ágilmente los ríos y caminar sigilosamente por entre la jungla. He escapado de las redes de los pescadores y de los disparos de los cazadores. Soy una mujer del reino animal. Salvaje. Ser de agua dulce y salada. Poseo melena cósmica y escamas de plata. El viento me transporta. El sonido de la lluvia me fascina. Me hechizan las gotas del rocío. Escapo de los truenos y tormentas.
Me he deslizado en el viento. He sido pasajera del avión del tiempo. He corrido para alcanzar trenes y surcado las aguas en un barco. En fin, una viajera del mundo. Una políglota también. Me rejuvenezco metiendo los pies en el mar mientras escucho las olas. Y en ese preciso momento es cuando me vienen las ganas de volar.
Llevo el apellido Mosquera. Poseo alas como las moscas, aunque tengo cuerpo humano. Me he enredado en las telarañas de los hombres. Me he dejado atrapar de algunas lagartijas. Mi zumbido de mosquito ha desvelado a muchos. La gente ha comprado mosquiteros para defenderse de mi espíritu. Me tienen miedo cuando me mosqueo. A veces, me he salvado haciéndome la mosquita muerta.
Un heroico antepasado peleó en la guerra. Cuando el rey de España lo tocó con su espada para nombrarlo caballero de la corte, al verlo cubierto con sangre que atraía a los moscos, exclamó: “que moscoso eres, que mosquerío traéis.” Voilà. Me llamo Margarita Mosquera existo y escribo.

El poder de un etcétera, los tacones y la pluma
He podido caminar por las calles de la vida con tacones altos. Después de recorrer muchos senderos y transitar por el mundo, finalmente me di cuenta de que mi propósito es escribir y ejercer la potestad de la palabra. En este blog voy a crear con mi propia voz. Me sentaré a escribir historias para ti y no me quitaré los stilettos. Ellos son un símbolo de intrepidez. Por esto, me estoy atreviendo a transitar por las colinas y los valles literarios con zapatos altos. Si se me rompen me compro otros.
Quiero regalarte muchas historias. Déjame pasear por tu alma. Sacaré recuerdos de los cajones del pasado. Escarbaré las cajas del presente. Pondré a secar mis sábanas, escritas con tinta, en la cuerda de ropas de tu patio. Las colgaré de la nube virtual de tu teléfono. Las pegaré a tu muro. Las descargaré en tu mente.
Deseo que me leas, en un autobús, sobre la cama, en el parque, por los aires. Entre la música y el aburrimiento. Voy a romper el silencio de tu soledad. Anhelo emocionarte, entretenerte y relajarte. Te ayudaré a sentir que se puede rehacer la vida y agradecer por ella. Ojalá te reinventes conmigo. Entrelazaré las letras, una a una, lo mejor que pueda. Mi cerebro fabricará telas para cubrirte. Livianas. Con hilos de colores y tramas diferentes.
Me apasiona contar historias para vino y café. Escribir desafía mi razón de ser. Pretendo ingeniarme el modo de viajar con la palabra escrita. No quiero ser olvidada. Quizás un día escribiré un libro. Por el momento, algo más simple. No quiero quedarme entre el tintero. Soy una flor con pétalos que hablan. Soy una Margarita en historias. Estoy repleta de etcéteras.